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| Dani Pedrosa deslumbra en el cierre de la temporada
con una victoria inapelable. |
250 cc y Moto GP aterrizan en Cheste con todo el pescado vendido. Jorge
Lorenzo suma su segundo título en el cuarto de litro mientras que Casey
Stoner domina de forma aplastante la temporada en la categoría reina a
lomos de su Ducati. La carrera en 250, sin embargo, otorga el protagonismo
a un piloto inesperado. El castellonense Álex Debón, compañero de equipo
de Lorenzo, completa una carrera casi perfecta, lo que le permite terminar
tercero. A sus 31 años, el de Vall d'Uxó sube por primera vez al podio
y, tras la prueba, no puede contener las lágrimas. Por delante de él,
tan sólo dos pilotos: Mika Kallio y Álex de Angelis. Por detrás, otro
valenciano, Héctor Barberá, Julián Simón y Jorge Lorenzo, que da el salto
a Moto GP. Precisamente la máxima categoría del mundial cierra el Gran
Premio de la Comunitat Valenciana y, por extensión, pone punto y final
a la temporada 2007. Y lo hace dejando un buen sabor de boca. Dani Pedrosa
muestra su mejor pilotaje y cruza en primera posición la línea de meta,
por segunda vez en la temporada. Con la victoria, el catalán se adjudica
el subcampeonato del Mundial, superando a Valentino Rossi quien tiene
que retirarse al sufrir problemas en su Yamaha. Mal fin de semana para
il dottore que en los entrenamientos del sábado sufre una dura caída y
se fractura la mano derecha, una circunstancia que no le impide tomar
la salida en la carrera del domingo. Stoner termina segundo la prueba
mientras que el tercer cajón del podio lo ocupa John Hopkins, en su última
carrera con Suzuki, pues cambia de aires y se marcha a Kawasaki. Marco
Melandri, en solitario buena parte de la prueba, termina cuarto.
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| Talmacsi, Stoner y Lorenzo posan para la habitual
foto de los campeones de las tres categorías. |
El Gran Premio de la Comunitat Valenciana va más allá de las dos ruedas.
De nuevo destaca la presencia de Michael Jordan, aún pendiente de confirmar
una escudería en Moto GP. Además, personalidades del mundo del deporte,
de la política y de la vida social marcan la cita de Cheste con rojo en
sus calendarios. Es el punto y final para los aficionados, pero el punto
y seguido para muchos profesionales que, horas después de la fiesta y
con el circuito vacío, trabajan con nuevas monturas y ánimos renovados
para la temporada siguiente. Es la realidad de una instalación que no
descansa en todo el año y que vuelve a aspirar, una vez más, a la mejor
organización de un Gran Premio.
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