Final feliz
 
Cebriá (en el centro de la foto), Armiñana y el equipo junto a Rita Barberá y el concejal de deportes Cristóbal Grau

Todo comienza con una llamada de Cristóbal Grau, concejal de deportes del Ayuntamiento de Valencia, a Juan Carlos Cebriá para que vuelva. Es el año 2005 y el consistorio desea que se regularice la situación. Juan Carlos dice si y se pone a trabajar. Su empeño encuentra en Juan Armiñana al hombre buscado. La ilusión de Juan Carlos convence a Armiñana. Se trata de repartir una herencia. De traspasar un legado. El constructor valenciano decide apostar por el equipo, poner su dinero y su tesón. No deja que Juan Carlos lo deje y desde un lugar pequeño de la directiva, que es lo que quiere el propio Cebriá, el equipo lucha por ascender y lo consigue no a la primera pero si a la segunda oportunidad. Los focos y las luces ya no se dirigen a Juan Carlos Cebriá pero en Bilbao, ese día histórico del ascenso, el 10 de junio de 2007, a Juan Carlos se le emociona el alma. Junto a los suyos, como siempre, ha terminado su trabajo. Una pasión que dura quince años tiene un final feliz.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Pasión desatada por el fútbol sala
De aficionado a presidente
Llegan los problemas
Final feliz
 
 
 
 
 
Palmarés como presidente del Vijusa Valencia F.S.