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Cebriá llega al fútbol sala casi de rebote. Dedicado a su empresa desde
siempre su relación con el balón se reducía a ser un fiel seguidor del
Valencia, su equipo de fútbol de toda la vida y a jugar con los amigos.
Jugaba y pagaba el equipo que cada sábado disputaba sus partidos por aquello
de matar el gusanillo y pasar un rato divertido. De la mano de Javier
Matoses ese embrión crece y se convierte en patrocinador del equipo de
la ciudad con su empresa Vijusa a la espalda. Corren los años noventa
y poco a poco la aportación va creciendo y su interés también. Llega el
mes de julio de 1990 y tras convertirse en el mayor patrocinador del equipo
accede a la presidencia. De su mano y su equipo de colaboradores, entre
los que se encuentra Vicente Fayos, asciende al Fútbol Sala Valencia a
la división de honor en la temporada 92-93 y alcanza el subcampeonato
de liga en la temporada 2000-01. Su apuesta es decisiva y el apoyo de
los suyos también. Convierte a su familia en unos aficionados más del
equipo. Su mujer y sus hijos son los primeros en estar presentes en cada
partido. En cada viaje hacen del fútbol sala su mejor manera de aprovechar
el tiempo de ocio El Vijusa engancha a los valencianos y la personalidad
de Juan Carlos también. Es una época de mucho trabajo y sacrificio pero
de tremendas satisfacciones. El pabellón de la Fuente de San Luis acoge
a casi tres mil personas cada partido y entorno al equipo se forma un
núcleo de aficionados que disfrutan siempre del espectáculo. Ahora Juan
Carlos Cebriá ya no juega los sábados con los amigos, ahora dirige un
grupo que ilusiona a una ciudad.
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