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| Ramón Victoria hojea el Anuario del Deporte Valenciano 2007 |
"Mi mujer siempre dice que estoy enamorado del Levante y no le falta
razón" explica Ramón Victoria mientras repasa mentalmente los 36 años
que le lleva dedicados a la entidad azulgrana. Sobre sus espaldas son
variados los calificativos que le convierten en una figura histórica del
club decano de la ciudad. Es el presidente que durante más tiempo (desde
el 1 de julio de 1986 hasta el 14 de febrero de 1994) consigue aguantar
de manera ininterrumpida en la poltrona y lleva seis años luciendo en
sus tarjetas un apelativo que él luce con gran orgullo: presidente de
Honor del Levante Unión Deportiva. "Pero yo sigo pagándome el pase en
el palco, ¿eh? No como otros directivos que luego, además, protestan",
dice esbozando una sonrisa que le delata. Ramón Victoria llega a la entidad
azulgrana como los héroes, en el momento en el que más se les echa en
falta. El equipo acaba de ser descendido a Tercera división por diversos
impagos, la deuda acumulada alcanza los 600 millones de pesetas (3,6 millones
de euros), la luz del estadio está cortada y la Virgen de los Desamparados,
a puntos de ser embargada. Vamos, una ruina. Desde entonces tiene que
rascarse el bolsillo más de una vez. "Yo he pagado varias letras de medio
millón (tres mil euros) porque al Levante lo hemos sacado un poco cada
uno, pero sobre todo Pedro (Villarroel) y Ángel (Rubio)" explica con rotundidad
serena desde la atalaya a la que suben los que están acostumbrados a haberlo
visto casi todo. "¿Mi principal recuerdo?...
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| Victoria cumple 36 años como dirigente azulgrana |
Ha habido tantas subidas y bajadas que me cuesta decidirme", comenta
con su voz rota. "Posiblemente el ascenso a Segunda contra el Ceuta en
1963 junto a la entonces alcaldesa de Valencia, Clementina Ródenas. Por
haber, hubo una prima al Olímpic de Xátiva para que ganara su partido,
y lo hizo. No recuerdo bien quién la dio, pero sí que fueron cuatro o
cinco mil pesetas de entonces (24 ó 30 euros actualmente)". Al ser preguntado
por las vivencias más complicadas también se le amontonan las repuestas.
"Estaba Pachín de entrenador y había que viajar a Santander donde estaba
nevando. Entre todos recogimos dinero para alquilar un autobús y el que
vino era un desastre. Tenía las ruedas gastadas y Pachín dijo que así
no se marchaban. Pero no había otro y se tuvieron que subir. Luego resulta
que ganamos y al regresar, el autobús ya no era tan malo". De ésas, infinidad
de anécdotas. Lo que sí tiene muy claro Ramón Victoria son sus deseos
de futuro. "No quiero morirme sin ver al Levante jugando una competición
europea. Este año, para empezar, nos vamos a salvar seguro porque hay
equipo de sobra, aunque sigue sin haber paciencia" Y en cuanto a la futura
casa del levantinismo, su nuevo estadio, comenta: "será la operación que
saneará definitivamente al club. Aunque tengo que decir que el Levante
no le debe nada a nadie, salvo a Pedro Villarroel. ¿O es que acaso la
ciudad deportiva de Buñol ha caído del cielo?". Del cielo no, pero casi
llega Ramón Victoria al club de sus amores. Desde los 40 años trabaja
incansablemente por ver crecer una entidad a la que le dedica más tiempo
casi a su familia, pero él es feliz, y se le nota. ¿Cuántos más Ramones
Victoria necesitaría el deporte de nuestra ciudad? A buen seguro, varios.
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