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| Silva en la presentación del Celta junto a Horacio Gómez |
Concluida su estancia en tierras guipuzcoanas, se define que su siguiente paso debe ir dirigido a la Primera división. Muchos equipos solicitan su cesión, pero es el Celta de Vigo de Fernando Vázquez el que se lleva el gato al agua. Y es allí donde se catapulta definitivamente como lo que es, un grande pese a su 1’71 de altura. Disputa 34 partidos, convierte tres goles, clasifica al equipo para la UEFA y se hace con un sitio fijo en la selección española sub’21.
El salto al primer equipo del Valencia es inevitable. Nadie osa discutirlo y desde su llegada irrumpe con una fuerza inusual que le hace colocarse, de salida, en cualquier once titular que se pueda imaginar.
Su descaro futbolístico le hace quedarse con el dorsal 21 nada más aterrizar en el vestuario. Ése que, semanas antes, deja en herencia Pablo Aimar tras su marcha. Y David no titubea, admira al argentino y recoge el guante enfundándose esa camiseta.
Con Quique Sánchez Flores al frente del grupo, debuta como valencianista en un partido oficial el 9 de agosto de 2006 en una tierra de artistas, de genios. En la localidad que ve nacer a Mozart, en Salzburgo. Allí disputa los últimos 16 minutos de un choque en el que el Valencia pierde (1-0), pero en el que gana una referencia para la próxima década: Silva.
En el partido de vuelta de esta eliminatoria previa que da acceso a la Liga de Campeones y en su estreno en Mestalla consigue su primer gol. Con el partido agonizando, el canario recoge un balón en la banda derecha, penetra en el área y se saca de la chistera de su zurda un disparo seco que se cuela pegado al palo izquierdo de la portería austriaca. Desde entonces se adivina con claridad que Salzburgo es el punto de partida de otro gran creador.
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| Silva en su estreno con España |
Ya nadie le saca del once titular. Da igual donde se le ponga. En la media punta (su lugar natural), en la banda izquierda o en el doble pivote. Él juega y hace jugar. Su primer tanto liguero con el Valencia lo logra en el Olímpico de Montjuich en noviembre de 2006 y uno de sus imborrables momentos, de ésos que aún tiene unos cuantos por vivir, se produce el 15 del mismo mes. En el Ramón de Carranza de Cádiz debuta como internacional absoluto, en el once inicial y de la mano de Luis Aragonés. España pierde ante Rumanía (0-1), pero ni siquiera el resultado es óbice para dibujar una trayectoria que ya no se despega, ni un instante, del equipo nacional.
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