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| Silva sonríe relajado |
Esa cara de buen chico, esa figura que puede pasar desapercibida de no ser quien es, esa timidez innata y esa sonrisa a medio camino entre la modestia y la vergüenza se tornan en osadía e insolencia cuando se calza las botas y pisa con firmeza el césped.
David Jiménez Silva, a sus 21 años, es un futbolista espectacular, distinto, de ésos capaces de cambiar el signo de un partido por sí solo. Nada más y nada menos.
Pero no llega a la cumbre por casualidad o por recibir algún regalo inesperado. Su corta trayectoria profesional está cuajada de esfuerzo, de tesón y de noches frías. Y eso para alguien nacido en Arguineguín (Gran Canaria) curte mucho.
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